Página - El Señor del Rebozo
   
Temas Católicos:
  Inicio
  Apariciones y Devociones de la Virgen María
  Arca de la Alianza
  Ave María
  Biblioteca y Enlaces
  Bilocación
  Caravaca de la Cruz
  Casa de la Virgen María
  Corona de espinas de Jesucristo
  Cristo del zapato
  Cronología de la Historia de la Iglesia
  Devoción al Sagrado Corazón
  Devoción a la Divina Misericordia
  Devoción a María Auxiliadora
  Devoción a Sta. Teresita
  Devocionario oraciones Virgen María
  Don Bosco y su mascota
  El Cristo de la Cueva
  El Cristo de la Luz (Leyenda)
  El Cristo de la Vega
  El Cristo de la Veracruz y el médico chino
  El Cristo de las aguas
  El Cristo de las Mieles
  El Cristo del océano: Cuento
  El Escapulario
  El Judio Errante
  El Lignum Crucis
  El milagro del Nazareno de Viñeros
  El Rosario de la Madre Teresa
  El Santo Cristo de La Grita
  El Santo Cristo de las alahas
  El Santo Rosario
  El Señor del Rebozo
  El velo de la Virgen María
  El velo de Veronica
  El Vía Crucis
  Historia de San Francisco de Asis
  Estigmas
  Historia de San Ignacio de Loyola
  Icono de Iver
  Juana Papisa
  La Basilica de Fátima
  La Basílica de Guadalupe
  La Basílica de la Natividad en Belén
  La Basílica de San Juan de Letrán
  La Basílica de San Pablo Extramuros
  La Basilica de San Pedro
  La Basílica Santa María la Mayor
  La Basílica de Santa Teresa de Lisieux
  La Basílica de Santiago de Compostela
  La Cruz del Cristo de Mailín
  La leyenda del “Cristo de la repolla”
  La Medalla Milagrosa
  La Santa Lanza
  La Tau simbolo Franciscano
  La tradición del huevo de Pascua
  Las Golondrinas
  Las llagas de Cristo en San Francisco
  Levitación
  Leyenda de la Cuesta de los Ciegos y San Francisco de Asís
  Leyenda de San Antonio Abad
  Leyenda de San Francisco
  Leyenda del bandolero Zamarrilla Y María Stma. de la Amargura
  Leyenda del Cristo de la Agonía
  Leyenda del Cristo de Cachorro
  Leyenda del Cristo de la sangre
  Leyenda del Cristo Elquino
  Leyenda del Cristo del gran poder de Sevilla
  Leyenda del Cristo del rayo
  Leyenda del Cristo Negro
  Leyenda del Niño Jesús
  Leyendas del Camino de Santiago
  Leyendas del Cristo negro
  Leyendas de San Ignacio de Antioquia
  Lista de Órdenes Religiosas
  Lista de Papas
  Marcelino Pan y Vino
  Mandylion o Imagen de Edesa
  Maria, la Santisima Virgen
  María Magdalena
  María Rosa Mistíca
  Mi Cristo Roto: Escrito
  Milagro en batalla
  Origen del Conejo de pascua
  Padre Pio: Las apariciones y purgatorio
  Padre Pio: Las Estigmas de Cristo
  Padre Nuestro
  San Antonio de Padua Milagros
  San Antonio de Padua y los peces
  San Felipe de Jesus Leyenda
  San Francisco de Asis y las aves
  San Francisco de Asís nos cuida
  San Francisco en España
  San Miguel del Milagro
  Santo Sudario de Oviedo
  Santo Sudario de Turin
  Soneto a Cristo crucificado
  Santos Cuerpos Incorruptos
  Tumba de San Pablo
  Tumba de San Pedro
  Virgen de Guadalupe primeros milagros
  Contacto
  Libro de visitantes
El Señor del Rebozo

A mediados del Siglo XVI funcionaba ya como convento Dominico, el edificio situado a espaldas del que fuera templo de Santa Catalina de Siena, ubicado en la calle de su nombre hoy República Argentina. Fundado por ayuda pecuniaria de tres mujeres sumamente religiosas y ricas conocidas por "Las Felipas", este convento recibía la ayuda de casas y encomiendas y rentas producto de una especie de fideicomiso de estas Felipas y así comenzó a recibir monjas que se acogían a la advocación de Santa Catalina de Siena.

En el Templo que como se dice y se sabe, daba a la hoy calle de la República Argentina, estaba entrando a la derecha, un Cristo de madera, esculpido por anónimo escultor, uno de tantos imagineros que dejó para siempre su arte religioso sin que se recuerde su nombre. Era un Cristo de mirada triste, de palidez mortal, con grandes llagas sangrantes y una corona de espinas cuyas puntas parecían clavarse en la carne, la madera que asimismo escurría sangre. Daba lástima esta triste figura del Señor colocada a la entrada del templo, con su cuerpo llagado, flácido y apenas cubierto con un trozo de túnica morada.

Tal vez este triste aspecto del Cristo cargando la Cruz fue lo que motivó a una monja que llegó como novicia bajo el nombre de Severa de Gracida y Alvarez y que más tarde adoptara al profesar, el de Sor Severa de Santo Domingo. Pues bien esta monja, cada vez que iba a misa al templo de Santa Catalina, se detenía para murmurar un par de oraciones al Señor cargado con tan pesada cruz al grado de que cada día lo advertía más agobiado, más triste, más sangrante.

Pasaban los años y a medida que la monja Sor Severa de Santo Domingo solía pasar más tiempo ante el Cristo, mayor era su devoción, mayor su pena y más grande la fe que profesaba al hijo de Dios.

Así pasaron los años, treinta y dos para ser más exactos, la monja se hizo vieja, enferma, cansada, pero no por eso declinó en su adoración por el Señor de la Cruz a cuestas, sino que aumentó a tal grado de que lo llamaba desde su celda en donde había caído enferma de enfermedad y de vejez.

Una noche ululaba el viento, se metía por las rendijas, por el portillo sin vidrio ni madera, calaba hasta los huesos viejos y cansados de la monja. El aire azotaba la lluvia y la noche se hacía insoportable.

-!Jesús.. Cristo mío! -gritó la monja con voz casi inaudible, pero llena de dolor, tratando de abandonar su lecho de enferma-, dejádme que cubra vuestro enjuto y aterido cuerpo... venid a mi señor, y mostráos ante esta pecadora que sólo ha sabido amarte y adorarte en religiosa reverencia.

Arreció el vendabal...

Y lo insólito de esta historia ocurrió entonces. Llamaron quedamente a la puerta de la celda de la enferma monja y ésta con muchos trabajos se levantó y abrió, para encontrarse ante la figura triste de un mendigo, casi desnudo, que parecía implorar pan y abrigo.

La monja tomó un mendrugo, un trozo de la hogaza que no había tocado y le ofreció el pan mojado en aceite, agua y sacando de su ropero un chal, un rebozo de lana, cubrió el aterido cuerpo del mendigo.

Terminado de hacer esto, el cuerpo de la monja se estremeció, lanzó un profundo suspiro y falleció.

Al día siguiente hallaron su cuerpo yerto, pero oloroso a santidad, a rosas, con una beatífica sonrisa en su rostro marchitado por los años y la enfermedad.

Y allá en el templo de Santa Catalina de Siena, cubriendo el enjuto y sangrante cuerpo del Señor con la cruz a cuestas, el rebozo o chal de la vieja monja.

Desde entonces y considerado esto como un milagro, un acto inexplicable, las religiosas y los fieles bautizaron a esta imagen como "El Señor del Rebozo" y este cristo estuvo muchos años expuesto a la veneración de los feligreses, hasta la exclaustración de las monjas y cuando el gobierno cedió este hermoso y legendario templo, primero para templo protestante y después para biblioteca.
   

=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=
Los Anuncios son de los Patrocinadores de la Web, No son mios!